Santiago, Viernes 20 de Noviembre de 2009|U.F.$21.017,51|Dolar:US$ 498,20|Santoral:Edmundo|
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El aporreado doberman fue lanzado a la calle porque sufría una afección a sus caderas y no asustaba a nadie.
REHABILITADO: Milano luce fiero e imponente. Pocos imaginan las pellejerías que pasó hasta que la Perratón iniciada por su actual dueña le devolvió la dignidad. Ahora busca un hogar definitivo que lo acoja con el mismo cariño.
Nacer con una afección a sus caderas labró una triste existencia para "Milano", un imponente doberman negro que fue lanzado a la calle porque no servía como perro guardián.
Fue a mediados de diciembre pasado que Paula Parodi y vecinos del sector Casas Viejas, en Puente Alto, vieron al animal. Lejos de asustar con su aspecto, lucía tan deteriorado física y anímicamente que conmovía a cualquiera. Presentaba problemas para pararse y caminar y su estado de desnutrición y deshidratación era severo. Además, su lomo exhibía dos heridas.
¡Cómo no sucumbir ante la mirada dolorosa de ese perrito! Así, algunos vecinos entregaron como dato que lo habían visto vagar durante días, calle por calle, por todo Casas Viejas.
"Lo más probable y seguro es que lo hayan botado, producto de su evidente anomalía ortopédica, que podría ser una displasia de cadera", señala Paula.
El coludo pasó algunos días en una clínica veterinaria de Pirque y después siguió sus cuidados en casa de Paula, donde cada mañana es inyectado a la espera de tomar radiografías que indiquen en forma más clara la real enfermedad o anomalía que padece.
Otra familia, esta vez de tatas, donó un colchón para que reposaran sus huesos. También llegó una casa de madera y el cariño y la comida no le han faltado.
"Poco a poco se ha ido reponiendo y está más gordito, a pesar de que sufrió una gastroenteritis que lo dejó nuevamente famélico. Camina mucho mejor, incluso corre, pero aún con dificultad", cuenta Paula.
Con todo, "Milano" ya ofrece mordiscos a sus pares cuando amenazan con invadir sus dominios, pero le basta reconocer a quienes lo salvaron para deshacerse en lengüetazos. "Lo más divertido y tierno es nuestro ritual de final de día: Después de comer se da un par de vueltas y alega un poco con los perros que puedan estar cerca de él, sobre todo con el pobre 'Señor León', a quien en más de un par de oportunidades le ha dado unas tandas, para finalizar metiéndose a su casa", agrega Paula Parodi.
Se acuesta a esperar que lo tapen con una frazada y luego acaricien su cabeza hasta que él ponga sus dos manos en el hocico y bostece con alarde, hasta cerrar sus ojos y dormir.
Sin duda, un ejemplo de los milagros que logra el amor.

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